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Dreadstar ya se ha convertido en un éxito de ventas con apenas 10 días desde su fecha de lanzamiento.
Planeta recupera el clásico de Jim Starlin Dreadstar en una
espectacular edición en tapa dura. Más de 20 años de historia, casi 400
páginas de aventuras y mucho más. Por primera vez, el primer arco
argumental completo de la saga de Starlin recopilado en un solo
volúmen. Además para esta nueva edición, donde las páginas han sido
digitalizadas de nuevo a partir del material original, Starlin ha
creado una nueva portada exclusiva. Como extra encontrareis las
portadas de la edición original y diseños de los personajes.
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Dreadstar
el último superviviente de la destrucción de la Via Lactea se ve
transportado a la la Galaxia Empírica. Allí, reclutado por el brujo
Syzygy Darklock, pondrá fin a una guerra de más de 200 años entre la
corrupta Monarquia y la Iglesia de la Instrumentalidad, que quiere
someter la galaxia. Walter Simonson escribió esta introducción a Dreadstar, un nuevo lanzamiento de Planeta DeAgostini Cómics. Simonson ha dibujado cómics de manera profesional desde 1972. Ha
escrito y/o dibujado multitud de personajes, incluyendo a Manhunter,
Batman, Hulk, Star Wars, Thor, los Cuatro Fantásticos, los Vengadores,
X-Men, Star Slammers y muchos otros.
Una de las cosas que siempre he admirado de Jim
era que estaba rodeado de un sutil halo de peligro, aunque tratara de
disimularlo cuidadosamente. Si es resultado de la vida que ha llevado,
de los genes con los que nació o de mi calenturienta imaginación, no
tengo ni idea. Desde luego, hay historias muy antiguas —en las que
aparecen un almacén de objetos de arte, una bicicleta, cadenas y una
barrera policial rota—, dejadas caer despreocupadamente por sus amigos
entre hamburguesas y cervezas, que dan credibilidad a su aureola de
peligro; pero la veracidad de dichas historias se pierde en la noche de
los tiempos. De todas formas, siempre he sentido que cuando llegue el
momento de reunir a mi pequeño grupo de supervivientes de la III Guerra
Mundial, Jim Starlin será uno de los tipos que quiero que esté a mi lado.
Hay un implacable dinamismo en Jim
que mi esporádica observación a lo largo de los años no ha hecho más
que confirmar. Caray, es uno de los tres o cuatro únicos tipos que he
conocido en este negocio que termina los trabajos antes de la fecha de
entrega. ¡Y todo freelance del cómic sabe perfectamente el asombroso triunfo que implica eso! Yo mismo, como Jim
sería el primero en confirmar, soy más del tipo de gente que solo
entrega cuando el editor le apunta con un rifle. Pero el dinamismo de Jim
le ha venido bien, y ha acumulado un impresionante volumen de trabajo a
lo largo de los años, ya sea como miembro de un equipo o como autor
completo, dejando una marca indeleble en algunos personajes
consolidados y creando un sinfín de otros nuevos en sus propios libros
y en sus propios términos.
Uno de los temas principales que se repiten en la producción de Jim
a lo largo de los años ha sido la corrupción de las instituciones y el
efecto de esta corrupción sobre la gente que forma parte de ellas. Ahí
está la esencia de Dreadstar.
De hecho, lo que estás a punto de leer no es nada más que un relato de
la continua lucha entre la Iglesia y el Estado. Y, escrito con una
sensibilidad muy moderna, Jim ha creado dos fuerzas contrarias, aunque ninguna de ellas está del lado del bien.
La lucha contra el mal en
parte se hace partícipe del mismo mal. Ni siquiera nuestros héroes
escapan por completo a los efectos destructivos de la lucha, y mientras
combaten por el bien supremo, son parte fundamental de un intrincado
baile que se cobra millones de vidas inocentes. Haya victoria final o
no, puede que, como ya se ha dicho en otra parte, nadie termine viendo
el paraíso. La corrupción dentro de las grandes instituciones y la
lucha contra esa corrupción son tan antiguas como las mismas
instituciones. En este aspecto, Jim ha escrito una historia tan pertinente hoy en día como si se terminase de publicar por primera vez.
Al mismo tiempo, la serie
forma parte de su época. Hay un auténtico sabor de los años 80 en esta
obra, ya sea en el diseño de las viñetas y en su composición, en la
narratividad de la historia a lo largo las páginas, en el diseño de los
trajes o en el tipo de tecnología utilizada en el universo de Dreadstar.
De vez en cuando se evidencian otras influencias. En algunas partes,
particularmente en las escenas de la Monarquía, se percibe una
atmósfera que recuerda a la mítica Ruritania.
También hay una ligera influencia de Jack Kirby,
en la que se basan algunas de las obras más tempranas de Jim, que casi
obligado se inclina ante la obra del hombre que ayudó a rehacer el
aspecto de los principales cómics americanos de acción y aventuras de
los años 60. Pero en la época en que Jim hacía Dreadstar, esa influencia había sido bien subsumida en su estilo. Sin embargo, me encantó ver alguna que otra influencia del místico Steve Ditko. Jim
y yo nos metimos en el cómic casi al mismo tiempo, respondiendo a
muchas de las mismas tempranas influencias. Siempre es divertido ver
que alguien más toma esos intereses compartidos y marcha con ellos
hacia una dirección completamente diferente.
Y, sorprendentemente, en tan
lúgubre saga, hay momentos de auténtico humor que hacían que de pronto
tuviera que soltar una risita.
He disfrutado retomando y releyendo los primeros Dreadstar,
después de casi 20 años. Los principios de los años 80 fueron una buena
época para el cómic. Las principales compañías estaban ensayando
multitud de nuevos formatos y llegaban a nuevos tipos de acuerdos.
Algunos de los talentos ya conocidos en esa época florecieron y
encontraron nuevos caminos, creando obras extraordinariamente maduras.
Y hubo una explosión de cómics independientes, muchos en blanco y
negro, que ayudarían con el tiempo a rediseñar la industria. Quienes
lean ahora Dreadstar
por primera vez entenderán la historia bajo sus propios términos;
quienes la vuelvan a leer después de muchos años percibirán una
resonancia adicional con un tiempo y lugar específicos. Dreadstar,
en todas sus diversas encarnaciones, es una especie de cápsula del
tiempo de gran parte de lo que estaba ocurriendo en la industria en la
época de su publicación original.
¿Y yo? ¡Me deleito aún más
por la semejanza que hay entre Vanth Dreadstar y cierto escritor y
artista con el que solía compartir estudio, hace tanto tiempo que no
quiero ni pensarlo!
¡Sigue así, Jim!
Walter Simonson
Nueva York, diciembre de 2003
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